Camino de perfeccion
Camino de perfeccion El marqués dijo que aquellas manifestaciones eran extemporáneas. La cuestión estaba en poner a flote el aceite y quedarse libre de las deudas.
Se trataba de esto, aunque parecÃa que se hablaba de otra cosa.
—Un procedimiento sencillo —dijo el primo de la cara de pez, con su voz afeminada— es vender el género, figurar falsos acreedores y declararse en quiebra. Luego se ponÃa la casa a nombre de otro, y ya estaba hecho todo.
El marqués no aprobó por el pronto la idea de su pariente y estudió la cara del administrador, el cual manifestó que él no podÃa prestar su nombre a una combinación de aquella clase. El pez comentó la desaprobación. Otra opinión era ir a los principales acreedores, prometerles a ellos sólo el pago y declararse en quiebra.
Fernando, al que no le interesaba aquello, salió del despacho, y tras de él salieron los hijos del marqués.
—¿Dónde está el muerto? —preguntó Ossorio.
—AhÃ, en ese gabinete —le dijo el primo—. Pero no vayas a verle. Está completamente en descomposición.
—¿SÃ, eh?
—Uf.