Camino de perfeccion
Camino de perfeccion Algunas veces el tren se acercaba tanto a la playa, que se veían a pocos pasos las olas, que avanzaban en masas negras y plomizas, se hinchaban con una línea brillante de espuma, se incorporaban como para mirar algo y desaparecían después en el abismo sin color y sin forma. Era una impresión de vértigo lo que producía el mar, visto a los pies, como una inmensidad negra, confundida con el cielo gris por el intermedio de una ancha faja de bruma y de sombra.
A veces, en aquel manto oscuro brotaba y cabrilleaba un punto blanco y pálido de espuma, como si algún argentado tritón saliese del fondo del mar a contemplar la noche. De la tierra húmeda venía un aire acre con el gusto de marisco.
Salió la luna del seno de una nube, y rieló en las aguas. Como en un plano topográfico se dibujó la línea de la costa, con sus promontorios y sus entradas de mar y sus lenguas de tierra largas y estrechas que parecían negros peces monstruosos dormidos sobre las olas.