Camino de perfeccion
Camino de perfeccion A veces la luna vertía por debajo de una nube una luz que dejaba al mar plateado, y entonces se veían sus olas redondas, sombreadas de negro, agitadas en continuo movimiento, en eterna violencia de ir y venir, en un perpetuo cambio de forma. Otras veces, al salir y mostrarse claramente la luna, brillaba en el mar una gran masa blanca, como un disco de metal derretido, movible, que se alargara en líneas de espuma, en cintas de plata, grecas y meandros luminosos que nacían junto a la orilla y ribeteaban la insondable masa de agua salobre.
De pronto penetró el tren en un túnel. A la salida se vio la noche negra; se había ocultado la luna. El tren pareció apresurar su marcha.
—Mira, mira —dijo Dolores mostrando un faro y sobre él, una como polvareda luminosa. El faro dio la vuelta; iluminó el tren de lleno con una luz blanca, que se fue enrojeciendo y se hizo roja al último.
Producía verdadero terror aquella gran pupila roja brillando sobre un soporte negro e iluminando con su cono de luz sangrienta el mar y los negruzcos nubarrones del cielo.