Camino de perfeccion
Camino de perfeccion LLEGARON a Tarragona y se hospedaron en un hotel que estaba próximo a una iglesia. Los primeros dÃas pasearon a orillas del mar; el Mediterráneo azul venÃa a romper las olas llenas de espuma a sus pies.
Luego se dedicaron a visitar la ciudad. Fernando cumplÃa sus deberes de cicerone con satisfacción infantil; ella le escuchaba aquel dÃa sonriendo melancólicamente. En algunas callejuelas por donde pasaban las mujeres, sentadas en los portales, les miraban con curiosidad, y ellos sonreÃan como si todo el mundo participase de su dicha.
Entraron en la catedral, y como Dolores se cansara pronto de verla, salieron al claustro.
—Aquà tienes una puerta románica que será del siglo XI o XII.
—¿S� —dijo ella sonriendo.
—Mira el claustro qué hermoso es. ¡Qué capiteles más bonitos!
Los contemplaron largo tiempo. Aquà se veÃan los ratones qué han atado en unas andas al gato y lo llevan a enterrar; por debajo de las andas va un ratoncillo, que es el enterrador, con una azada; en el mismo capitel el gato ha roto sus ligaduras y está matando los ratones. En otra parte se veÃa un demonio comiéndose las colas de unos monstruos; una zorra persiguiendo a un conejo, un lobo a un zorro, y en las ménsulas aparecÃan demonios barbudos y ridÃculos.