Camino de perfeccion
Camino de perfeccion —Vamos. ¿Se lo decimos a mamá?
—¿Para qué? Está muy entretenida.
Efectivamente, en el salón en donde estaban las señoras se oÃa una conversación muy animada y un murmullo de voces que subÃa y bajaba de intensidad.
Fueron los tres a la calle, entraron en el coche y se dirigieron a la Castellana. Los dos jóvenes comentaban, riéndose, la avaricia de su papá.
Pasaron en un coche una señorita y una señora. Los dos primos de Fernando las saludaron.
—¿Quiénes son? —preguntó Fernando.
—Lulú Cortunay y su madre.
—Es bonita.
—Preciosa.
—Esta chica no se casará —dijo el más serio de los hermanos.
—¿Por qué? ¿Porque no tiene capital?
—No… si lo debe tener… pero mordido.
—¿Mordido? —preguntó Fernando, extrañado.
—SÃ; mordido por un condesito, amigo suyo.
El otro hermano comenzó a reÃrse al oÃr aquello.
—¡Admirable, chico, admirable!
—Pasaron las hijas de un general y su madre, en un landó grande y destartalado.
Hubo nuevos saludos y nuevas sonrisas.
—Son feas.