Camino de perfeccion
Camino de perfeccion —Y cursis.
—Ahora viene la condesa y sus hijas.
Pasaron; se descubrieron los dos primos de Fernando, y este hizo lo mismo; una de las muchachas saludó con risa irónica, levantando el brazo por encima de la cabeza con la mano abierta.
—¿A estas las conocerás? —preguntó el menos serio de los primos a Fernando.
—SÃ; creo que las conozco de vista.
—¡Pero si son populares! A esta muchacha la conoce ya todo Madrid. En el teatro habla alto, se suena fuerte, se rÃe a carcajadas, lleva el compás con el abanico y se hace señas con los amigos.
—¡Demonio! Pues es una mujer extraña.
—¡Vaya, y de talento! ¡Suele dar unas tabarras a los jovencitos que la hacen la rosca!
Y el primo contó algunas anécdotas.
Una vez estaban reunidos en su casa la madre, que debe ser una mujer de estas que tienen furor sexual, y algunos amigos. La madre tenÃa un amigo Ãntimo, joven. Se oye sonar el timbre del teléfono. Se acerca la muchacha. Pregunta que quién llama, y al oÃr que es el amigo de su madre, le dice: —¡Mamá! —«¿Qué quién es?» —responde la vieja—. «¡Tu héroe!»
Otra vez le salió mal la broma, porque se encontró en los pasillos del Real a la de Ortiz de Estúñiga, y le dijo: