Camino de perfeccion
Camino de perfeccion Desde los balcones se veía un montón de tejados parduscos, grises. Por encima de ellos, enfrente, la iglesia de San Andrés, la única quizá agradable de Madrid; más lejos, a la derecha, se destacaba la parte superior de la cúpula gris de San Francisco el Grande; y cerca, a un lado, la torre de Santa María de la Almudena.
Reinaba en la sala un gran silencio. De cuando en cuando se oía el timbre de los tranvías de la calle Mayor y las campanas de la iglesia próxima.
La alcoba, cuyas ventanas daban a un jardín de la vecindad, tenía una cama de madera, grande, baja, con cortinas verdes, un armario y un gran sillón.
Abajo, desde las ventanas, se veía un jardín con un estanque redondo en medio, adornado con macetas.
El cambio de medio moral influyó en Ossorio grandemente; dejó sus amistades de bohemio, y se reunió con una caterva de señoritos de buena sociedad, viciosos, pero correctos siempre; comenzó a presentarse en la Castellana y en Recoletos, en coche, y en los palcos de los teatros, elegantemente vestido, acompañando señoras.
Era una vida desconocida para Fernando, que tenía atractivos.