Camino de perfeccion
Camino de perfeccion POR entonces ya Fernando comenzaba a tener ciertas ideas ascéticas.
Sentía desprecio por la gimnasia y el atletismo. La limpieza le parecía bien, con tal de que no ocasionase cuidados.
Tenía la idea del cristiano, de que el cuerpo es una porquería, en la que no hay que pensar.
Todas esas fricciones y flagelaciones de origen pagano le parecían repugnantes. Ver un atleta en un circo, le producía una repulsión invencible.
El ideal de su vida era un paisaje intelectual, frío, limpio, puro, siempre cristalino, con una claridad blanca, sin un sol bestial; la mujer soñada era una mujer algo rígida, de nervios de acero; energía de domadora y con la menor cantidad de carne, de pecho, de grasa, de estúpida brutalidad y atontamiento sexuales.
Una noche de Carnaval en que Fernando llegó a casa a la madrugada, se encontró con su tía Laura, que estaba haciendo té para Luisa Fernanda, que se hallaba enferma.
Fernando se sentía aquella noche brutal; tenía el cerebro turbado por los vapores del vino.
Laura era una mujer incitante, y en aquella hora aún más.