Camino de perfeccion
Camino de perfeccion Ossorio y Ulloa siguieron andando por el campo llano y negro, camino de Carabanchel Bajo. Llegaron a este pueblo, bebieron agua en una fuente y anduvieron un rato por campos desiertos, llenos de surcos. Era una negrura y un silencio terribles. Sólo se oÃan a lo lejos ladridos desesperados de los perros. Enfrente, un edificio con las ventanas iluminadas.
—Eso es un manicomio —dijo Ulloa.
A la media hora llegaron a Carabanchel Alto por un camino a cuya derecha se veÃa un jardÃn que terminaba en una plaza iluminada con luz eléctrica.
—La verdad es que no sé para qué hemos venido tan lejos —murmuró Ulloa.
—Ni yo.
—Sentémonos.
Estuvieron sentados un rato sin hablar, y cuando se cansaron salieron del pueblo. Se veÃa Madrid a In lejos, extendido; lleno de puntos luminosos, envuelto en una tenue neblina.
Llegaron al cruce de la carretera de Extremadura y pasaron por delante de algunos ventorros.
—¿Tú tienes dinero? —preguntó Ulloa.
—Un duro.
—Llamemos en una venta de estas.
Hiciéronlo asÃ; les abrieron en un parador y pasaron a la cocina, iluminada por un candil que colgaba de la campana de una chimenea.