Camino de perfeccion
Camino de perfeccion AL día siguiente, Ossorio se levantó de la cama tarde, cansado, con la espalda y los riñones doloridos. Seguía pensando en el fenómeno de la noche anterior e interpretándolo de una porción de maneras: unas veces se inclinaba a creer en lo inconsciente; otras, suponía la existencia de fuerzas supranaturales, o, por lo menos, suprasensibles. Había momentos en que se creía en una farsa inventada por él mismo sin darse conciencia clara del hecho; pero, fuese cualquiera la explicación que admitiera, el fenómeno le producía un miedo horrible.
Siempre había sido inclinado a la creencia en lo sobrenatural, pero nunca de una manera tan rotunda como entonces. La época de la pubertad de Fernando, además de ser dolorosa por sus descubrimientos desagradables y penosos, lo fue también por el miedo. De noche, en su cuarto, oía siempre la respiración de un hombre que estaba detrás de la puerta. Además era sonámbulo; se levantaba de la cama muchas veces, salía al comedor y se escondía debajo de la mesa; cuando el frío de las baldosas le despertaba, volvía a la cama sin asombrarse.
Tenía dolores de distinto carácter; de distinto color le parecía a él.