Camino de perfeccion
Camino de perfeccion El viejo era encorvado, con el pelo de color gris sucio, las manos temblorosas y los ojos rojizos; ejercía su profesión de basurero desde la infancia. Antes que Sabatini tuviera sus carros y su contrata con el Ayuntamiento, le dijo a Fernando, conocía él todo lo conocible en cuestión de basuras.
Después de exponer sus grandes conocimientos en este asunto, preguntó a Ossorio:
—¿Y adónde va usted, si se puede saber?
—Difícil es, porque yo no lo sé.
El viejo movió la cabeza con un ademán compasivo y de duda al mismo tiempo, y no dijo nada.
—¿Adónde va la carretera? —preguntó Fernando.
—La de la izquierda, a Colmenar; la otra es la carretera de Francia.
—Pues iré a Colmenar. ¿Me dejará usted dormir un rato aquí?
—Sí, señor. Duerma usted. ¡Pues no faltaba más!
Fernando se tendió en un montón de paja y quedó amodorrado.
Soñó que se acercaba a él por los aires, amenazadora, una nube negra, muy negra, y de repente se abría en su centro una especie de cráter rojo.
Se despertó de repente y se levantó.