Camino de perfeccion
Camino de perfeccion El de la boina pedÃa al del mostrador aguardiente y tabaco al fiado, y el posadero se lo negaba y miraba al suelo amargamente, mientras daba vuelta entre los labios a una colilla apagada.
Viendo que la conversación seguÃa sin que el posadero se fijara en él, Fernando preguntó:
—¿Se puede cenar?
—Pagando…
—Se pagará. ¿Qué hay para cenar?
—Usted dirá.
—¿Hay huevos?
—No, señor; no hay.
—¿Habrá carne?
—A estas horas carne, tú… —dijo con ironÃa el del mostrador a uno de sus amigos.
—¿Pues qué demonios hay entonces?
—Usted dirá.
—¿Quiere usted hacer unas sopas? Y no hablemos más.
—Bueno. ¡Vaya por las sopas! Dentro de un momento están aquÃ.
Vinieron las sopas en una gran cazuela, con una capa espesÃsima de pimentón. No estaban agradables, ni mucho menos; pero con un esfuerzo de voluntad eran casi comestibles.
—¿Hay algún pajar? —preguntó después Ossorio al posadero.