La intuicion y el estilo
La intuicion y el estilo —Le advierto a usted que mi sobrina tiene medios de vida suficientes —indicó la señora.
—Sí, pero me aburro sin hacer nada —dijo la muchacha—. Yo no puedo estar sin pensar en algo. Para mí, esto es insoportable.
Recorrimos el paseo paralelo al de Coches, volvimos al punto de partida, y, cruzando la plaza donde está la estatua del Ángel Caído, las dos señoras se despidieron y tomaron el coche, que las esperaba.
Tardé quince días, o quizás un mes, en volverlas a ver. Al encontrarme con ellas vi que se paraban, y me acerqué a saludarlas. Hablamos de vaguedades, y de pronto la muchacha me dijo:
—¿Sabe usted que he leído el primer tomo de sus Memorias?
—¿Ah sí?
—Sí. No comprendo por qué se dedica usted a la chismografía.
—Yo supongo que todas las Memorias son un poco anécdotas y otro chismografía.
—No; yo creo que una persona con afición por su oficio ha tenido que sacar alguna consecuencia de su trabajo, y parece lógico que la diga con más o menos palabras.
—Pues mire usted: yo andaba huyendo precisamente de esa pedagogía.
—¿Por qué? No creo que hay que huir de nada.