La intuicion y el estilo
La intuicion y el estilo Los años pasados, en los días de abril y mayo iba por las mañanas al Retiro, buscando la sombra ya tibia, y solía ver en el paseo de Coches a una señora de aire crepuscular que bajaba de un auto de alquiler.
Yo la conocía; no era joven, ni mucho menos; tampoco se había quedado viuda hacía poco; pero, sin duda, le gustaba vestir de negro y tomar un aire romántico.
Su padre era bibliófilo, y solía ir a las librerías de viejo. Tenía, por lo que decían, una casa buena y bastantes libros antiguos y raros, y había pertenecido en su juventud a la diplomacia.
Yo sospechaba si esta viuda otoñal, con su aire romántico, vestida de negro, acompañada de su perro, buscaría un idilio romántico en las frondas del Retiro; pero puede que no quisiera más que hacer ejercicio y pasear a su chucho.
No se encontraba a nadie de buen ver a estas horas matinales en el paseo de Coches; únicamente, algunos obreros que cruzaban el parque partir o volver del Puente de Vallecas y algunos oficinistas, entre ellos cuatro o cinco alemanes que marchaban al centro de Madrid, desde la calle de Menéndez y Pelayo o de sus alrededores, con aire de soldados en formación.