La ruta del aventurero
La ruta del aventurero Esta pared moderna, blanca y de poca altura, que rodeaba la ciudad, se unía al castillo y tenía hacia el puerto una explanada grande, llamada la Glorieta, y un hornabeque con sus baterías.
Había, además de la pared baja, que circunvalaba a Ondara, restos de fortificaciones, antiguos lienzos de muralla de color de ámbar dorados por el sol de los siglos y ennegrecidos por el aire del mar.
Uno de estos, el más extenso, cerraba un gran barranco que existía entre el castillo y el barrio de pescadores.
Era una cortina de piedra de grandes bloques tallados. Los eruditos no se hallaban muy de acuerdo en señalar la época de construcción de esta muralla. Unos la consideraban del tiempo de los etruscos, fundadores de la ciudad; otros, de origen romano.
Los eclécticos afirmaban que había parte de muro antiquísima; otra, romana, y otra, reedificada por los árabes.
El conjunto de murallas de Ondara levantadas en distintas épocas se unía, trazando un ocho, encerrando en sus dos círculos el castillo y la ciudad.
Se comprendía que antiguamente Ondara debió de ser fortaleza importante, casi inexpugnable; del lado del mar tenía que ser muy difícil su conquista, y difícil también de lado de la tierra, guardando los pasos de su anfiteatro de montañas.