La ruta del aventurero
La ruta del aventurero Yo, al ver estos rincones abarrotados de libros y papeles, le pregunté qué quería hacer con tanto libro y tanta estampa, si quería venderlos o regalarlos al Museo Británico; después, cuando comencé a tomarle gusto a la caza del libro y de la estampa, comprendí que la bibliofilia y la estampofilia, como todas las chifladuras humanas que amenizan la existencia, tienen su fin en sí mismas. Mi tío pasaba por coleccionista humilde, y si alguien le preguntaba si compraba libros, decía que no, que sus medios no se lo permitían.
Ciertamente no era mi tío un bibliófilo bastante rico e ilustre para pertenecer al Roxburg-Club de Londres; pero algunos de los individuos de esta Sociedad le conocían y le habían invitado más de una vez al banquete anual que celebraban en la taberna de Old-Saint-Albans, invitación que mi tío Samuel aceptaba, porque además de bibliófilo era un gastrónomo consumado.