Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia LA CONFESIÓN
Acababa de tomar café; estaba charlando con mi madre y mi hermana en esa pequeña galerÃa de cristales que da a la huerta[262], cuando entró la Shele. Acudà a su encuentro, la pasé al despacho y cerré la puerta.
—Siéntate —la dije.
La muchacha se sentó y yo comencé el interrogatorio.
—¿Hace mucho tiempo que estás en Aguirreche?
—SÃ, ya va a hacer mucho tiempo.
—¿Cuántos años tienes?
—Diez y ocho.
—Tus padres están en un caserÃo de la familia Aguirre, ¿verdad?
—Si, señor.
—¿Les tienes cariño a los de tu casa?
—SÃ, señor.
—¿A la señora y a las señoritas?
—Si, señor.
—¿Y al señorito Juan?
—También.
Y la muchacha se ruborizó. Yo continué con mis preguntas.
—¿No quieres marcharte de Aguirreche?
—No, señor.
—¿No tienes confianza en m�
