Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval —La carrera la harÃa con coqueterÃas y con arrumacos. Es toda su táctica; prometer y escabullirse. La oye usted hablar de algo y seduce, porque da la impresión de que sabe y de que no quiere parecer pedante; pero si habla usted con ella un dÃa y otro se queda asombrado de su ignorancia absoluta.
—Eso quiere decir que tiene talento.
—SÃ, si no lo niego; tiene un gran talento natural y una falta de moral perfecta. Ya ve usted cómo va aupando ahora a su marido. De maestro oscuro de un pueblo insignificante ascendió a una capital de provincia, y de la capital de provincia a Madrid. Ella tiene dos destinos: uno, en el ministerio; otro, en una CompañÃa particular. El marido pasa por un socialista de siempre y no hay tal; fue de la dictadura. Rosa es una mujer moderna, una mujer nueva.
El señor currutaco se rio sarcásticamente.
Latorre, que no sentÃa por aquel señor tal simpatÃa y que veÃa que sus palabras eran dictadas por el despecho, se encogió de hombros. La escritora habÃa estado siempre muy amable con él, y esto bastaba para que hablara de ella con muchas consideraciones.
Por donde Rosa Cruz se hizo amiga de Aurora Ferrer, mi vecina, no lo sé —dice el licenciado Latorre—. Me aseguraron que la habÃa conocido al hacer con ella una interviú acerca de la vida de las modistas.