Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval —Yo también tengo derecho a vivir como los demás —me replicó con acritud y con malos modos.
—Eso del derecho es una estupidez sin ningún valor —le contesté yo.
—Lo creerá usted asÃ; yo creo todo lo contrario.
No quise entrar en discusiones porque no valÃa la pena. VeÃa que Adolfo estaba condenado a hacer una continua serie de necedades.
Durante el otoño y el invierno me dijeron que Santovenia frecuentaba la Casa del Pueblo. Se le consideraba entre los amigos como una esperanza del marxismo. No supe si pertenecÃa a la juventud socialista o al partido comunista.
Al año de casada, Mercedes tuvo un niño; pero su padre Santovenia andaba tan metido en la polÃtica que no encontró tiempo ni de enterarse. Mercedes no pudo criar y tuvo que alimentar a su hijo con biberón. Casi todos los que comÃamos hacÃa tiempo en casa de Pastelillos nos ocupábamos de la criatura más que su padre. Este no hacÃa más que ir y venir, tener conferencias con unos y con otros y escribir cartas.