Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval Por entonces sacó de la casa de la calle del Pez a su madre y a su tía —a sus viejas, como decía— y las llevó a una buena pensión, y ella poco después hizo el gran disparate, según la gente, de irse a vivir con Golfín a un rascacielos de los Cuatro Caminos.
Golfín había conquistado a la Puri con sus alardes de imprevisión y de bohemia. El periodista arregló la casa sacando dinero no se sabía cómo.
Llevó la pareja una vida muy alegre. Al año la Puri tuvo una niña.
Alguna vez iba a visitar a Mercedes, la hija de Pastelillos, y al licenciado Latorre. Este la recibía con entusiasmo, y ella le abrazaba.
—Pero, querida amiga. Tiene usted una fama terrible —le dijo una vez el licenciado.
—Sí. Los estudiantes y los pollos ricos creen, sin duda, que los cuplés que canto los invento yo.
—Se supone por ahí que hace usted una vida bohemia fastuosa.
—¡Bah!, tontería. Esta vida bohemia no es nada. Yo veo muy bien lo que hay de falso y artificioso en todo ello; pero no me importa. La cuestión es hacer mi carrera artística y ser independiente, y eso ya lo he conseguido.
—¿Y la niña?
—Es preciosa. Ya la verá usted un día, don Antonio.