Locuras de Carnaval

Locuras de Carnaval

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Peroraba con frases de político sobre los asuntos de la época. Era jurídico y financiero. Decía a cada paso: «Yo entiendo…,» «si que también…,» «bajo el prisma…» No decía «estructurar» porque no se había inventado aún esta bella palabra. A pesar de su retórica y de sus declaraciones de acendrada moralidad, había datos para creer que se había mezclado en algunos chanchullos y en cuestiones no muy claras ni muy limpias. Los que le conocían desde hacía tiempo aseguraban que era aficionado al juego y hombre de prostíbulo, de costumbres crapulosas.

La mujer de don Carlos, la madre de María Luz, doña Pilar, era una manchega de capital de provincia, flaca, dura, esquelética y avara. Tenía los ojos verdes claros y un cierto aspecto gótico. Se afirmaba que en su juventud había sido una mujer bonita y atractiva; pero a medida que envejecía se iba quedando seca y amojamada. Su espíritu, al parecer, se curtía al mismo tiempo que su cuerpo.

Su talento principal consistía en hablar bien. Se expresaba en un castellano muy correcto, con muchos proverbios y refranes, que los colocaba con oportunidad.

La hija mayor del matrimonio, llamada Pilar como su madre, estaba casada con un negociante rico y antipático, subdirector de un banco, que se creía el centro del mundo.


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