Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval —Muy bien; que viva con su dinero si lo tiene.
—El que haya en casa será para él.
—El mÃo, no. Si mi padre viniera humildemente como el hombre estúpido que ha hecho muchas majaderÃas y se arrepiente de ellas, bien; ahora, como él viene de cacique y cree que puede mandar y definir y criticar a los demás y es el que tiene menos derecho para ello, porque no ha demostrado más, sino que es un conquistador de criadas y de coristas de dos pesetas, yo me voy de aquÃ.
—Haz lo que quieras, lo que más te convenga —replicó su madre con la voz estrangulada de cólera.
—Lo haré; no tengas cuidado. No pienso ocuparme de vosotros para nada. Puedo ser tan egoÃsta como vosotros, pero siempre seré un poco más inteligente y comprensivo y un poco menos injusto. Únicamente a MarÃa Luz le diré siempre, como le digo ahora, que lo que yo tenga lo compartiré con ella.
MarÃa Luz lloraba; su madre permanecÃa en una actitud irritada y seca.
Se podrÃa sospechar si aquella mujer no tendrÃa un fondo de antipatÃa por su hija, que se ganaba la afección de todos.