Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval —¿Qué vas a hacer? —le preguntó a Enrique.
—¡Qué voy a hacer! Nada.
—Te has sacrificado por tu hermano. No permitas que sacrifiquen a tu novia. Muévete. Haz algo. Ten un arranque.
—¡Qué arranque ni qué historias! Yo no soy capaz de convertir las tres mil pesetas que gano en seis mil. ¿Cómo? Que me lo digan y lo haré. No tengo inconveniente en trabajar durante las horas libres de oficina en cualquier parte, llevando las cuentas aunque sea en una tienda de comestibles o en una pescadería; pero que no me vengan con palabras.
—¿Y vas a dejar a María Luz que se case con el viejo?
—Yo no le puedo decir más sino que estoy dispuesto a todo. Yo no le puedo decir que la voy a sostener espléndidamente a ella y a su familia con tres mil pesetas que tengo; pero si ella quiere afrontar la miseria conmigo, yo estoy dispuesto.
—Me temo que no va a querer… por sus padres.
—Si no quiere, no se puede hacer nada.
—Pero no puedes dejar eso así.