Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval El hombre del guardapolvo y de la gorra le llevó a una capilla oscura.
—¿Qué es esto? —se preguntó María Luz sorprendida.
El hombre no respondió; anduvo mirando unos cajones, hasta que, arrastrando uno por el suelo, se le acercó a ella y dijo:
—Aquí tiene usted los huesos del general Heredia.
María Luz retrocedió espantada.
—No se asuste usted —dijo el de la gorra—; ya se sabe lo que somos todos… ceniza…, nada.
En esto apareció otro hombre flaco con un balandrán negro y comenzó a discutir con el de la gorra. Según el recién venido, que hablaba escuchándose y con cierta pedantería, aquellos no eran los restos del general Heredia, sino los de un pescadero de la calle del Espíritu Santo. Había un error en la numeración de las tumbas, y se había tenido como si fuera la del general la del pescadero.
—¿Tú qué sabes? —dijo el de la gorra.
—Más que tú, porque yo las he sacado de la tierra y vi los ataúdes o las cajas de muerto, para que tú entiendas, y miré los números y tengo la seguridad.
—Bueno; lo dijo Blas y punto redondo —murmuró el de la gorra y se marchó malhumorado.