Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval No le diré a usted que este se llamara con el nombre que yo le asigno.
Luis Ochoa Salazar era hijo de un fabricante de Bilbao, de familia linajuda,
Fidalga, rica y antigua
antes que Íñigo y Abarca.
Luis estudió para ingeniero industrial en Lieja, y cuando volvió a Bilbao, a los veintitrés años, con su título, su padre le dijo:
—Oye, Luisito: has pasado unos años de estudiante pesados y fastidiosos. Tienes derecho a una compensación. Te voy a mandar al extranjero a que te diviertas y veas cómo es la vida. Puedes estar el tiempo que quieras: dos años, tres años, los que te parezca. Luego creo que lo mejor que puedes hacer es venir aquí, casarte y seguir con mis negocios. ¿Qué te parece?
—¡Qué me va a parecer! Muy bien.
—Pues entonces, a ello.
Ochoa padre e hijo se entendían perfectamente.