Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval —Una vez —contó Max— este marqués se encontraba en un banquete que se daba aquà en Londres a un hermano de don Carlos, el rey de Portugal, a quien mataron y que, como quizá usted recuerde, tenÃa aire de cerdo. HabÃa en el comedor un surtido extraordinario: faisanes, platos montados, pescados de todos los paÃses; pero al prÃncipe caprichoso, y que se las querÃa echar de original, se le ocurrió que le sirvieran un rosbif a la inglesa. Naturalmente, no lo habÃa, y yo advertà que tardarÃan algo en traerlo. HabÃa que cortar la carne, asarla y presentarla; todo esto exigÃa, por lo menos, un cuarto de hora largo. Como el rosbif no llegaba, el marqués de Soveral me dijo con imperio en francés, echándosela de parisiense: «Diga usted, mayordomo, ¿es que han enviado a buscar la carne al matadero?»
Esta frase era uno de los motivos de resquemor del mayordomo contra el marqués.
John Max se manifestaba poco amigo de los ingleses. DecÃa que estos creÃan que el mundo era suyo y que a los hombres de los demás paÃses se les debÃa exterminar con esos polvos con que se matan las chinches y las cucarachas. Comenzaban también a odiar a los judÃos, que eran más inteligentes que ellos.
«Este no es inglés —pensó Recalde—; es alemán o austrÃaco y judÃo.»