Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval A los españoles, según el mayordomo, los ingleses les tenían poca simpatía y hablaban siempre de la Armada Invencible. Cuando veían banderas españolas solían decir: «Esto huele a cebolla.»
Ignacio dijo que en los productos naturales no veía ninguna superioridad, y que no encontraba una tierra más excelsa que otra porque produjera uvas, trigo, cebada, patatas, naranjas o pepinos.
Mientras hablaban penetró en la cervecería un hombre con quien John Max cambió unas palabras en un idioma oscuro, que Ignacio sospechó si sería el yiddish, la jerga de los judíos askenazis, alemanes y polacos.
El mayordomo presentó a aquel hombre como presidente de una sociedad de la cual los dos formaban parte. No dijo qué clase de sociedad o de club era.
El tal presidente tenía un aspecto más sospechoso aún que el mayordomo y, al parecer, estaba pintado. Hablaba de una manera remilgada.
El presidente dijo a Recalde que todos los que pertenecían a su club tenían alguna falla o chifladura, porque los directores estaban convencidos de que la gente sana y honrada era muy aburrida y no la aceptaban. Por lo demás, ellos no buscaban al público; no les interesaba.
Recalde comprendió que la sociedad o club debía de ser de homosexuales; pero haciéndose el inocente preguntó: