Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval —Y ese club ¿qué objeto tiene?
—Ninguno. Conocernos los amigos, los que tenemos aficiones comunes. El que entra allà puede tener la humorada de ser una persona de una moral rigurosa; pero esta pequeña impertinencia debe compensarla con algún ingenio.
—Asà que ¿forman ustedes una sociedad francamente inmoralista?
—SÃ; desde un punto de vista burgués constituimos una sociedad inmoral; pero desde un punto de vista más moderno, no. ¿Es que quiere usted entrar en ella?
—No, no. Yo no soy bastante moderno para eso.
Los dos compinches se echaron a reÃr con grandes extremos.
Recalde tenÃa datos suficientes para juzgar la personalidad de John Max. Era hombre anómalo, susceptible y rencoroso. Se veÃa que estaba satisfecho de que un español de buena posición le hubiera ido a visitar y de que le diera importancia.
Cuando Ignacio se levantó para marcharse, el mayordomo se levantó también y le dijo:
—Descuide usted; yo le iré dando noticias de cómo se desarrolla esa intriga amorosa. ¿Vive usted en la misma casa que el señor Ochoa?
—SÃ.
—Pues nada. Cuente usted conmigo.