Locuras de Carnaval

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Recalde se encontraba a disgusto en casa de su amigo. Presentía que aquello no podía acabar bien. Pensaba, además, que si la familia de Luis sabía que él estaba acompañándole en Londres le achacarían todas las culpas y creerían que le había dado malos ejemplos.

Recalde hacía continuas gestiones para encontrar una ocupación. Tenía como valedor un capitán de barco de Mundaca, hombre moreno, flaco, ganchudo, con los ojos negros, brillantes, la cara curtida por el sol y el aire del mar y la expresión aguda y burlona.

Este hombre, Francisco Berriozábal, familiarmente Pancho Berri, le aseguraba que le encontraría trabajo; pero a Ignacio no le producía gran confianza la promesa porque el capitán era un poco loco y había sido muy borracho. Berri contaba que una vez, en el hotel de un puerto de México, se había desafiado con unos marinos ingleses a quien hacía mayores barbaridades, y él, tras de beberse media botella de whisky, se comió una vela del piano y después todas las flores que había en el comedor. Ante una empresa así, le dieron la palma. Pancho Berri, si no encontraba trabajo para Recalde, le llevaría en su barco a California.



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