Locuras de Carnaval

Locuras de Carnaval

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Al comienzo del invierno, Ochoa dijo que Leticia iba con su marido a una aldea del País de Gales, donde tenían un castillo y donde pensaban pasar una temporada. Ochoa quería instalarse en una ciudad próxima; pero estaba tan preocupado y tenía tan poca calma, que no se había enterado bien de cómo había que hacer el viaje y dónde tenía que parar y alojarse.

Recalde pensó que debía acompañar a su amigo y dejarle instalado, porque yendo solo era lo más probable que no hiciese más que imprudencias o disparates.

También pensó que sería mejor viajar en automóvil. Él iría conduciendo.

Lo hizo así y salieron los dos amigos una mañana oscura y triste. En las proximidades de Londres, en la carretera, había grupos de policías ciclistas para vigilar la marcha de los autos y por si era indispensable avisar por teléfono a los talleres o hacer alguna reclamación.

Avanzaron con la máxima velocidad permitida, pasaron varios pueblos, casi todos iguales. En el campo, las casas solitarias tenían altas chimeneas de ladrillo, y muchas estaban cubiertas de piedras negruzcas. Algunas pequeñas mostraban un tejado convexo y peraltado. Cruzaron por delante de cementerios solitarios y de parques de recreo con el césped muy verde envueltos en la bruma.


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