Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval Salieron Isasi y el doctor, y al pasar la cómica, Dorronsoro le sujetó de la falda como podÃa hacer un aldeano con una muchacha campesina.
—¿Qué quiere usted? —preguntó ella con asombro.
—Se me ha ocurrido una cosa.
—¿Qué?
—Ese collar de perlas que lleva usted ¿es bueno?
—SÃ.
—Pues entonces no se meta usted en ese gentÃo. Se lo pueden robar.
—No, ¡ca!; pero muchas gracias por la advertencia. Tendré cuidado.
Se quedaron Elena y Juan charlando y comentando el aspecto que tenÃa el teatro, atestado de gente. Tocaban un chotis madrileño, clásico, de Chueca. El tropel de máscaras no encontraba sitio para bailar.
En un descanso aparecieron el doctor e Isasi con sus parejas, los dos un poco fatigados.
—Se hace uno viejo —exclamó Isasi.
El hacerse viejo para él era tener una distinción más.
—Habla por ti —le dijo Delfina—; yo estarÃa bailando toda la noche.
—Hablo por mÃ, querida. Ya no tengo el brÃo de la juventud.