Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval En esto aparecieron en el palco próximo tres mujeres soberbias, elegantísimas, en compañía de un señor grueso, rojo, de aire de francés, y de un jovencito escuálido. Isasi se colocó el monóculo para examinar a los recién llegados y reconoció al señor grueso. Entonces se levantó.
—¿El señor Pill? —dijo.
—El mismo. ¿Usted es de Isasi?
—Veo que me recuerda, mi querido amigo.
No solo le recordaba, sino que le recordaba como de Isasi con la partícula nobiliaria.
Entonces hubo apretones de manos y una de ¡ah! y de ¡oh! completamente parisienses. Isasi venció en el torneo. Se mostró más hombre del bulevar que el francés auténtico.
El señor Pill presentó a Isasi a las mujeres que le acompañaban. Una de ellas era Blanca de Etampes, una rubia esbelta y graciosa, con unos ojos pequeños y una melena corta, que había debutado hacía poco en un music-hall de París. La otra era la bella Charito, bailarina de fama en el mundo, y la otra, su hermana. Estas dos andaluzas eran muy guapas, morenas, de unas facciones casi perfectas. Más guapa aún la hermana; pero esta, como si tuviera la idea de que no debía destacarse al lado de la «estrella», iba vestida modestamente.
El jovencito escuálido era periodista.