Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval —Este mayordomo, a quien vi alguna que otra vez en la calle, era un hombre raro. Habló conmigo en dos o tres ocasiones, y hace cerca de un año, un dÃa que yo me preparaba para embarcarme, vino aquà y me dijo que tenÃa papeles importantes de usted guardados en la caja de un banco de la City y que si él morÃa, yo estaba autorizado para recogerlos.
—¿Y qué papeles son esos?
—Pues no lo sé.
—¿Y va usted a recogerlos?
—Si usted quiere, sÃ.
—¿Y qué piensa usted hacer con ellos?
—Se los entregaré a usted.
—¿Sin mirarlos?
—Naturalmente.
Leticia contempló a Recalde con atención.
—¿Y qué documentos habrÃa que llevar para recoger esos papeles?
—Yo supongo que se necesitará un certificado o, por lo menos, una noticia de la muerte de John Max y la autorización que me dio a mà para recoger esos papeles, que la guardo.
—Yo tengo ese certificado. ¿Quiere usted que mañana mismo vayamos a ese banco?
—Si usted quiere, sÃ.
—Pues mañana vendré a esta misma hora.