Locuras de Carnaval

Locuras de Carnaval

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Al día siguiente, un lacayo avisó a Recalde que le esperaban a la puerta en un automóvil. Bajó Ignacio de prisa y entró en el auto, donde le esperaba lady Cardigan, pero no con el traje modesto del día pasado, sino en gran dama.

Llegaron al banco de la City y les pasaron a una antesala. Un empleado se les presentó a preguntarles lo que querían, y lady Cardigan explicó de qué se trataba. Mostró ella el documento que atestiguaba la muerte de John Max, y Recalde, la autorización del mayordomo.

El empleado y Recalde dejaron la antesala. Pasó más de media hora, que a la dama debió de parecerle medio siglo, a juzgar por sus muestras de impaciencia. Al cabo de este tiempo apareció Recalde con una carpeta en la mano atada con una cinta roja y lacrada.

—Esto es todo lo que había —dijo, y entregó el legajo a lady Cardigan.

Ella lo cogió y lo guardó de prisa.

—¿No quiere usted ver lo que hay dentro? —preguntó.

—No; ¿para qué?

—¿Y si hay dinero para usted?

—No lo creo.

—¿Y si lo hubiera?

—Tengo la seguridad de que no lo habrá.

—¿Quiere usted venir a almorzar conmigo mañana?


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