Locuras de Carnaval

Locuras de Carnaval

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El doctor Morán se marchó a su casa; se encontró con que tenía una llamada urgente para un parto y se fue, dispuesto a pasar la noche en vela con filosofía.

En tanto Elena y Delfina esperaban impacientes en el palco. ¿Qué hacía aquella gente? ¿Adónde habían ido? Delfina estaba pálida de cólera al verse abandonada y olvidada por Julián de Isasi. Elena se sentía avergonzada y con ganas de llorar. Dorronsoro seguía durmiendo.

—No vuelvo a salir más con ellos —dijo Delfina.

—Quizá les ha ocurrido algo —repuso Elena.

—¡Qué les va a ocurrir! Nada. No diga usted tonterías. Se estarán acabando de emborrachar en alguna taberna o habrán ido a acompañar a la Medrano, que es un perro que se las trae. ¿A quién se le ocurre venir aquí con un collar de perlas? Dicen que esa mujer es lista. Yo creo que es completamente imbécil.

Eran las tres y media. La gente del baile tenía un aire de fatiga, de excitación y de cansancio. Las voces estaban roncas; los trajes, rotos; las caras, desencajadas; la atmósfera del teatro, llena de polvo y de humo. Había hombres y mujeres dormidos en los palcos y en los rincones.

De pronto Delfina se levantó lívida.

—Me voy —dijo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker