Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval —¿Qué hacemos con este hombre? —le preguntó Elena.
—Que haga lo que le parezca. Me tiene sin cuidado.
—Yo voy a esperar todavía un momento.
—Pues yo me voy.
Delfina se marchó y cerró la puerta del palco con furia.
Elena se sintió más inquieta. Ir sola a casa le daba miedo. Llamó a Dorronsoro. Era inútil; no se despertaba.
Salió al pasillo y a un acomodador le preguntó:
—¿Será posible encontrar un coche a la salida?
—Sí. ¿Quiere usted que se lo traiga?
—Sí; pero antes a ver si despierta usted al señor.
—¿Es su marido?
—Sí —contestó ella para no dar explicaciones.
El acomodador cogió del brazo a Dorronsoro y le dio tales empujones y gritos que le despertó. Juan pareció serenarse y dijo:
—Parece que he bebido un poco de más.
—Sí, más de un poco —corrigió el acomodador.
Salieron Elena y Dorronsoro del teatro. Estaba lloviendo. Tomaron el coche.