Locuras de Carnaval

Locuras de Carnaval

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Elena comenzó a llorar de desesperación. En esto, un tipo de chulo viejo, entre mendigo, descuidero y gitano, se acercó a ella y comenzó a hablarla.

—¿Quiere usted que yo le acompañe?

—No, señor.

—¡Menuda curda ha cogido este gachó! ¡Ande usted, que la lleva buena!

El chulo, empeñado en darle conversación, no se iba. Al ver que producía miedo, iba hablando con aire amenazador. Elena estaba espantada.

En esto se detuvo un coche en un portal más arriba. Elena llamó al cochero y le preguntó si estaba libre. Le dijo que sí. El cochero era un tipo de unos cincuenta años, mofletudo y rojo. Parecía un buen hombre. Elena le pidió que le ayudara a meter a Juan en el coche, y entre los dos le llevaron al vehículo.

Entonces el chulo callejero, medio mendigo, medio gitano, se permitió unas observaciones impertinentes, y el cochero, encarándose con él, le preguntó con gravedad cómica:

—¿Y a usted no le han dado nunca dos palos por intruso?

El chulo se deshizo en improperios a cierta distancia.

Cuando entró Dorronsoro y Elena, el cochero preguntó:

—¿Adónde vamos, señora?


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