Los amores tardios

Los amores tardios

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Si yo tuviera las de usted, lo sería también —contestó Niessen.

—Yo no tengo nada, querido amigo —contestó Larrañaga.

—Sí, sí; usted tiene mucho fuego, y lo que yo pinto es siempre frío.

Niel hablaba poco de su vida. Pepita quiso que le contara sus impresiones de su época de aviador, pero él se explicaba confusamente; no sabía contar nada con amenidad y atractivo.

—En Egipto, un inglés nos quiso contratar a otros dos rusos y a mí como aviadores para explorar el monte Everest. Aceptamos, pero luego no se presentó.

—No vuelva usted a ser aviador —le dijo Soledad.

—No, no; no lo seré.

Por otro compatriota se supo que Niel había sido uno de los aviadores más audaces del ejército ruso y que durante dos años había volado casi constantemente.

—Es raro que este hombre fuera antes tan atrevido —dijo Pepita a Larrañaga.

—Sí —contestó José—. Se ve que es decidido para las cosas grandes y tímido y torpe para las pequeñas.

—Lo contrario de la mayoría de la gente.

—Sobre todo de la gente meridional.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker