Los amores tardios
Los amores tardios —Yo, no. Pero yo, ¿para qué la voy a cultivar? Yo no soy un hombre social. No tengo nada que defender ante el mundo. Únicamente, de engañar a alguien, me gustarÃa engañarte a ti, presentándome como algo más importante y trascendental de lo que soy, y no lo podrÃa conseguir.
—¿Por qué?
—Primero, porque soy un mal cómico, y luego, porque tú me conoces demasiado bien.
—No tan bien, no creas.
—¡Bah! Tú me conoces tan bien como me conozco yo.
—No te hagas ilusiones; tú tampoco te conoces. Para mà eres más gracioso cuando no crees que lo eres.
—La mayorÃa de las personas no saben cuándo tienen gracia e interés.
—Es lo que te pasa a ti. Muchas cosas tuyas, de que tú abominas, son las mejores y las más graciosas de tu carácter.
—¿Desde tu punto de vista?
—Claro.