Los amores tardios
Los amores tardios —Es que aquello fue lo único, lo verdadero, Joshé. Todo lo de después, para ti y para mÃ, no han sido más que episodios sin importancia, que en el fondo no han dejado huella profunda en nuestra alma. Aunque tú creas que tu vida actual es una vida seria, yo creo que no lo es. Vives en un pueblo extranjero, rodeado de gentes extrañas, hablando un idioma que no sabes bien. Ahora va a empezar nuestra vida.
—Desgraciadamente, es demasiado tarde para mÃ. Los amores no creo que tienen sueños tan largos como Epiménides. Perdona la pedanterÃa.
—No sé quién fue Epiménides.
—Epiménides de Creta fue un filósofo. De niño salió al campo a buscar una res, y al encontrar una cueva se echó a dormir. Al salir de ella se encontró viejo. HabÃa dormido más de cincuenta años.
—Pero tu amor no ha dormido —dijo Pepita—, porque siempre has pensado en mÃ.
—Tú todo lo arreglas a tu gusto.
—Pues ¿a gusto de quién quieres que lo arregle?