Los amores tardios

Los amores tardios

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Cuando estuvieron en París —dijo Pepita—, ella pensaba mucho en todo lo que José le decía; entonces le conoció, le vio por primera vez tal como era, y no como se lo habían hecho allá, en Bilbao. También se convenció de que ella se enamoraría de él, si es que no lo estaba ya, y que más tarde o más temprano serían los dos felices.

Larrañaga se hallaba cada vez más confundido.

—No te engañes con respecto a mí —decía—; no vayas a sufrir una segunda equivocación.

—Tú no te ocupes de mis equivocaciones —repuso Pepita—. No es que yo crea que tú seas perfecto, ¿para qué vas a serlo?, ni mucho menos; tienes defectos que te hacen gracia y otros que yo creo te los podré quitar.

—Yo soy un hombre raro.

—¿Cómo no vas a ser raro haciendo esta vida de solitario? Te ha dejado en un estado de tristeza la muerte de Nelly. Siempre has sido dado a la misantropía. Aunque hubieses vivido con Nelly, yo creo que hubieras seguido siendo triste.

A Larrañaga le parecía muy mal lo que Pepita decía de Nelly; pero no se atrevía a contradecirla.

Iba sintiendo una loca esperanza que le dominaba poco a poco y le embriagaba.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker