Los amores tardios
Los amores tardios Algunas veces fueron en la lancha Pepita; pero esta manera de viajar no le gustaba a Larrañaga, porque el marino de Santurce se fijaba mucho en las conversaciones.
Esta vida a la alta escuela: viajes, automóviles, cenas en los mejores hoteles, no tenía más inconveniente que era muy cara.
Pepita gastaba el dinero, el suyo y el ajeno, con mucha facilidad. A todas horas le decía a su primo: «No gastes demasiado», pero se olvidaba al poco tiempo de sus recomendaciones.
Larrañaga iba consumiendo sus ahorros. Soledad no les acompañaba casi nunca; tenía bastante con las conversaciones de su ruso.
Aunque salieran solos Larrañaga y Pepita, no se quedaban nunca fuera de casa. Volvían como una pareja de recién casados a su hotel.
Tomaban algunos vaporcitos en sus excursiones.