Los amores tardios

Los amores tardios

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Para los momentos de silencio, Larrañaga compró un tomo de poesías de Verhaeren, para leérselas a Pepita, porque se referían al paisaje flamenco, parecido al holandés; pero le parecieron tan huecas, tan palabreras, tan llenas de ringorrangos, pesados y vulgares, que abandonó en seguida su lectura.

A ella tampoco le gustaron aquellos versos gran cosa.

Compró también Brujas, la muerta, una novela de Rodembach, de la que había oído decir grandes elogios; la leyó, y le pareció sencillamente detestable.

Pepita hablaba de las impresiones de la infancia, del colegio, con unas monjas francesas. Contaba las coqueterías de las niñas, de las chicas mayores, que escondían las cartas de algún novio, y recordaba las canciones que se cantaban allí. Algunas de ellas solía cantar en burla a Larrañaga, como Les matines de frère Jacques:

Frère Jacques, frère Jacques,

dormez vous, dormez vous?

Sonnez les matines, sonnez les matines,

din-din-don, din-din-don.

También solía cantar otras canciones, como Cadet-Rouselle:

II pleut, il pleut bergère

presse tes blancs moutons.


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