Los amores tardios
Los amores tardios —SÃ, eso creen ellos, los franceses y las gentes que les siguen y olvidan sus inclinaciones naturales. El francés ha sido siempre bastante petulante y dogmático para pensar que está en el fiel de la balanza, en la cocina y en todo. De aquà que haya sido en general tan mal viajero. El que tiene la idea de su arbitrariedad, se explica la arbitrariedad de los demás, pero el que supone que no hay más norma de vida que la suya, no se explica nada. Ellos, los franceses, suponen que poseen las ideas generales, lo universal, la medida, la norma.
—Si no la tienen es indudable que son los que más se acercan a tenerla.
—Yo no lo creo. No creo que haya norma ideal en nada Esto de las ideas generales es un espejismo de los paÃses planos; en estos paÃses planos, las inteligencias son en extensión más que en intensidad. No se puede creer que en costumbre en gustos, en opiniones, haya unos que tengan razón y los otros no.
—Pero si todos tienen razón, es lo mismo que si no la tuviera ninguno.