Los amores tardios

Los amores tardios

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Larrañaga le contempló, apoyado en la cómoda, con cierta impresión de enfado, con un aire oscuro, ceñudo y brutal.

—¿Cómo sabías que estaba aquí? —preguntó.

—He venido a pasar unos días a mi casa —respondió el jesuita—. Ayer te vi en el tren.

—Yo no te vi.

—Me viste, pero no me conociste.

—Es igual.

—Tenías un aire tan reconcentrado y tan intranquilo que me llamó la atención.

Larrañaga volvió a tener otro movimiento de terror, pero pudo serenarse.

—He pensado que podías necesitar de mí, y he venido —añadió el jesuita.

—Gracias, te lo agradezco —contestó Larrañaga, y se puso a medir el cuarto, con sus pasos, de un lado a otro.

—¿Estás inquieto?

—Sí, estoy neurasténico. Necesito moverme y andar.

El jesuita contempló a Larrañaga, que iba y venía, mirando al suelo.

Desde la puerta del cuarto se veía un pasillo, de cuyo techo colgaban mazorcas de maíz.

—¿Te ha extrañado mi visita? —preguntó el jesuita.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker