Los amores tardios

Los amores tardios

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III

EN EL CAMPO DE HARLEM

Este crepúsculo de otoño, en el campo holandés, da impresión de paz, de serenidad y de riqueza. El cielo tiene resplandores rosados, la tierra húmeda, surcada por acequias, un verde esmeralda; los boscajes, en medio de la llanura, son frondosos y oscuros; de los altos álamos en hilera cae la hoja rojiza y abarquillada, en el agua quieta y verdosa del canal, y queda como incrustada sobre un vidrio; los tilos se desnudan de su follaje y quedan en sus varas rectas hojas amarillas, que tiemblan con el viento.

El sol es brillante y la sombra fría.

Luego comienzan a iluminarse los cristales de la granja pequeña, brilla la llama de una fragua, el molino de viento se para, la chimenea de la fábrica espira bocanadas de humo negro, pasa un carro pesado con un caballo percherón, a lo lejos comienzan a brillar las filas de luces de la ciudad… y se siente la proximidad de la noche con un escalofrío en la espalda.

«Crepúsculo holandés», Las estampas iluminadas

Fueron Pepita y Larrañaga a ver una exposición de flores de Harlem. Tomaron un tranvía.

La tarde cambiaba de luz a cada momento: el cielo se mostraba azul, gris, de ceniza o de ámbar.


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