Los amores tardios
Los amores tardios ESPAÑOLAS
En el extranjero me han querido demostrar que ser español es ser brutal, injusto, arbitrario, rapaz, materialista, cruel con los débiles y con los animales. En España me han dicho lo contrario; que ser español es ser magnánimo, justo, generoso, idealista y valiente.
¿Basta para vivir con ver a su país y a sí mismo como un término medio humano sobre el cual pueda imaginarse un porvenir decoroso? ¿O es necesario tener una ilusión más fuerte y una idea más exaltada? No lo sé.
«Los españoles», Fantasías de la época
No llegó a producir Ámsterdam ningún entusiasmo en Pepita. Por las mañanas, algunas veces, iban Soledad y ella a una calle al borde de un canal, donde había un mercado de flores. Los vendedores tenían los puestos en gabarras y sacaban sus macetas a la orilla, todas con los nombres científicos de las plantas.
—No huelen estas flores —solía decir siempre Pepita, y añadía—: Es ridículo tanto nombre en latín.
Pasaban bicicletas y automóviles constantemente.
—No hay manera de estar tranquila —decía Pepita a su hermana.