Los amores tardios
Los amores tardios —Claro que las hicieron; pero también hicieron cosas admirables de energía y de valor. Se habla de un Alonso de Vargas, jefe de caballería, brazo del duque de Alba, como el tipo del español cruel, ignorante y sanguinario. Vargas era hombre serio grave, fanático. Los holandeses suponen que hablaba latín, no sé por qué. Dicen que formaba parte del Tribunal de los Doce, que cuando le presentaban algún burgués de Amberes sospechoso de ser revolucionario, interrumpiendo el rosario y con voz soñolienta, decía: «Ad patibulum, ad patibulum». Yo se lo he oído contar esto a un profesor holandés. Pues bien; la anécdota es falsa: no se refiere a Vargas, sino a un consejero, Hesselts, que era belga. Así lo dice Schiller en la Historia de La sublevación de los Países Bajos, copiando de un libro de anécdotas holandesas.
—Es decir, que ni siquiera se enteran para denigrarnos.