Los amores tardios

Los amores tardios

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Pepita afirmó que todas estas figuras de Rembrandt le parecían teatrales, espectrales, todas como fritas, envueltas en aceite rancio.

—Es verdad, tienes razón —dijo Larrañaga—: todo parece en vuelto en grasa y en caramelo, lo que no impide para que esté admirablemente dibujado y pintado. Me choca verte con opiniones tan definitivas, pero me parece que tienes razón. A mí, al menos, me da una impresión semejante.

Los síndicos de los pañeros, también de Rembrandt, tampoco le gustaron, por una razón indudablemente poco estética, porque uno de ellos se parecía a Van Leer.

Echaron un vistazo a las salas modernas.

Como pretendían que siguiera viendo el museo, Pepita dijo:

—Yo no quiero ver tanto cuadro; estoy harta; esto me aburre.

El señor Van Leer manifestó por Pepita gran admiración al verla tan definitiva en cuestiones de pintura.

—Es una mujer admirable —le dijo a Larrañaga—; yo no me atrevería ni a decir ni a pensar lo que ella dice.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker