Los amores tardios
Los amores tardios MARINAS
El patrón, amigo de Joe, tenÃa una gabarra pequeña, amarrada al muelle, en un canal holandés. Era una casa flotante, limpia, cuidada, simpática.
Este patrón hablaba asà a su amiga: «He visto los docks de Londres y sus bosques de mástiles; Hamburgo, con su rÃo turbio y frenético; la inmensidad de Liverpool entre la niebla, y la anchura del Escalda, en Amberes; he visto los puertos del Mediterráneo y del Adriático, Nápoles y Marsella, Barcelona y Valencia, Venecia y Argel; las barcas cargadas de naranja en el mar azul bajo el cielo resplandeciente. He visto Java y Surabaya, rebosantes de riqueza. Y a todos los esplendores de las nuevas Cartagos y nuevas Babilonias prefiero mi gabarra pequeña, amarrada al muelle, en un canal holandés, y verte a ti pasar por la cubierta».
«La gabarra», En voz baja
Los Van Leer se habÃan quedado en Scheveningen; Fernando se pasaba el tiempo en su compañÃa. Casi todos los dÃas, o por lo menos un dÃa sà y otro no, marchaba a Rotterdam e inventaba siempre algún pretexto para no quedar allá. Desde Rotterdam escribÃa a su suegro dándole noticias de Pepita y Soledad.
—¡Cómo me saben a falso todas las palabras de Fernando! —decÃa Pepita—. Me parece un estúpido insignificante. No le tengo ningún cariño.